La
historia suele repartirse en todos lados, solamente cambian los personajes y
los lugares tan comunes como distintos en el trascurrir del maldito tiempo. Tal vez es solo cuestión
de que se presenten las condiciones que asechan a estos simples actores de esta
comedia cotidiana, repetitiva y vacía que se le suele llamar existencia.
Cuando
creías que todo estaba encaminados, de pronto todo cambia, salen algunos
actores y entran otros que nunca pensaste que podían estar. Pero a decir
verdad, se debería reflexionar una vez pasado el convulsión, si no sabíamos o
presentíamos que algo estaba por ocurrir. Ya que no es cuestión de magia o
embrujo, el despertar un día, ya no enamorado. Que los fantasmas que ya no emergían
aparezcan frente a ti, uno a uno preguntando muy insistente mente por aquello
que asecha a la comedia cotidiana y relativa del existir.
A no
engañarnos, de amor nadie muere, pero… Endurece el corazón.
Es sabio
que es imposible, explicarle a uno de estos actores que ya no cumple con las
expectativas del personaje, no hay lógica que
alcance en el discurso cuando uno ya no siente por el otro lo que él
sigue concibiendo del dúo.
Tal vez
comencemos con el periodo de prueba, en donde por querer retener el instante
que ya cambio al siguiente acto, se intenta cambiar lo impensado. Como si
pudiéramos cambiar nuestra esencia por arte de esa magia llamada
acostumbramiento a la comedia cotidiana.
En la
desesperanza de la sin razón, tal vez piense que se puede cambiar, con un
chasquido de dedos, pero es engañarnos cada vez más con el afán de que el otro
sea una balsa en medio del mar. Entiendo que tocar fondo no es bueno, pero si
no sucede no se puede subir a la superficie, y eso posible solo por uno mismo,
no creo que nadie pueda hacernos el favor, porque si, si así fuera saldría muy caro.
En este
momento, se hace latente el concepto de duelo y sus partes cuando entendemos
que es necesario el dolor, por la renuncia impuesta y su re significación para
continuar, tal vez si todo sale bien, podremos avanzar a un paso casi normal,
aunque corremos con el peligro de refugiarnos en los recuerdo y la melancolía
nos invada por mucho tiempo, dándole a la comedia cotidiana un tinte dramático
y trillado de sufrimiento auto impuesto por no aceptar el desapego odioso pero
necesario para el resistir.
A esta
altura sabrás de qué hablo. Tal vez te este pasando algo parecido, o a la
persona que está a tu lado, está por comunicarte que hoy se despertó y
milagrosamente se hizo la luz y comprendió que el amor que hace unos instantes
los unía ya no existe. Siendo necesario
dejar de soñar, caminar o simplemente dejar de escribir la comedia cotidiana
que había hecho que se unieran por esos
intervalos del devenir del existir. Por esa necesidad imperiosa de
cumplir con algunos requisitos de la cultura dominante que insiste en marcar a
fuego y no deja que cada uno sea único e irrepetible en esta comedia cotidiana llamada vida, donde
ser distinto asusta.